sábado, 29 de diciembre de 2012


Factores importantes para elegir correctamente un bastón


Los bastones son una de las ayudas técnicas más frecuentes e importantes en las personas mayores. Sirven de apoyo a la locomoción y  movilidad; es por esto que es muy importante elegir uno que se ajuste a la estatura, peso y características de la persona.






1.    Lo más importante de todo es el largo del bastón. Pero ¿cómo saber la medida correcta? La forma más fácil para saber si el largo del bastón es el correcto es: estando de pié, con los brazos a los costados del cuerpo, medir desde su muñeca hasta el suelo. Esa es la medida aconsejable para un bastón. No debe ser ni muy corto ni muy largo. Considerad que la medida debe incluir el mango o empuñadura del bastón. Esta cuestión es fundamental porque no todos los bastones son ajustables.

2.
    La segunda característica es el tipo de empuñadura. Es muy importante elegir uno que responda a las necesidades de la persona. No obstante las diferencias en este aspecto no suelen ser abundantes. Aquellos con la empuñadura en forma de gancho y “derby” se caracterizan porque la mano siempre puede estar libre en cualquier momento. Los bastones con formas  anatómicas, hechos de resina o plástico modulado que se ajustan a la forma y peso de la palma son los más confortables y los más recomendados para casos de personas delicadas que ponen mucho peso en la empuñadura. Se hacen para la mano izquierda o derecha.  Los bastones – muletas dan más confianza a aquellos que necesitan más seguridad para mantener el equilibrio. Usualmente tienen un soporte para el antebrazo lo agarra hasta la parte baja del codo.
3.    La tercera característica es el peso máximo que puede soportar según su diseño. Algunos son más resistentes que otros dependiendo del material o de la tecnología utilizada para construirlo. Los de aluminio y carburo son usualmente más livianos y más resistentes. Los de madera fina son usualmente para una selección más cuidadosa.
4.    La cuarta característica fundamental es la frecuencia de uso. ¿Es para uso frecuente u ocasional? Por ejemplo, si es para un uso ocasional probablemente no se necesite una inversión alta. Un bastón retráctil o que se pueda doblar y guardar fácilmente puede ser una ventaja para aquellos que no necesitan tener el bastón siempre en la mano. Otro ejemplo de uso se puede ver expresado en aquellos bastones que traen una pequeña silla incorporada y que usualmente son “trespiés”. Son ideales para llevar a un lugar donde tal vez hay que estar mucho tiempo de pie y no hay suerte de sentarse. Los bastones livianos y especializados son ideales para el uso frecuente.
5.    El quinto punto importante es el lugar. ¿Es solamente para interiores ó para exteriores? si la superficie de casa es muy lisa y resbalosa será necesario usar un bastón que tenga un apoyo antideslizante en el contacto con el suelo. Para los exteriores, usualmente las superficies generan más tracción, por lo cual los puntos más relevantes a considerar son lo mismos mencionados anteriormente. Para aquellos que van al campo, en una excursión o por senderismo, se recomiendan bastones ligeros de alta resistencia y lo más importante, que sean ajustables.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Úlceras vasculares




Introducción

Las úlceras de miembros inferiores no constituyen una enfermedad por si mismas, sino que son siempre el resultado de una patología vascular de base ya sea venosa o arterial.
Se estima una incidencia de úlceras crónicas en España de unas 800.000 aproximadamente afectando al 2% de la población, con un porcentaje de recidivas del 70%., y con un tratamiento generalmente muy prolongado y un gran coste en calidad de vida, absentismo laboral... A pesar de la magnitud y trascendencia del problema, las úlceras crónicas han sido patologías generalmente menospreciadas.
Para la enfermera comunitaria los cuidados de estas lesiones suponen una parte importante de su tiempo de dedicación profesional, por lo que es importante realizar un adecuado abordaje clínico, basado en la evidencia disponible.


Clasificación etiológica de las úlceras de las extremidades

Isquémicas
Arterioesclerosis obliterante
Tromboangeitis obliterante (Enf. De Buerger)
Arteriolitis (Úlcera hipertensiva de Martorell)
Vasculitis inespecíficas (Asociadas a eritema nodoso, Enf. Del colágeno)

Neuropáticas
Neuropatía diabética
Secuela post-poliomielitis
Lepra

Estásicas
Hipertensión del sistema venoso profundo: Primaria o Secundaria (secuela
posflebítica)
Hipertensión del sistema venoso superficial: Varices
Angiodisplasias

Asociadas a enfermedades sistémicas
Hemopatías: anemia perniciosa, leucemia
Neoplasias
Infecciosas: piodermia
Colitis ulcerosa
Linfogranulomatosis maligna

Tratamiento de las úlceras vasculares

Es fundamental establecer un diagnostico diferencial entre los distintos tipos de ulceras vasculares, ya que el tratamiento difiere en función de su etiología venosa o arterial. La valoración del paciente con ulceras de las extremidades inferiores debe ser realizada por profesional sanitario con formación en este área, y debe incluir antecedentes familiares y personales, información relativa a ulceras previas, características de la ulcera, medición de presión arterial y realización de Doppler arterial para calculo del Indice Tobillo Brazo
(ABPI).
No existe un tratamiento único y efectivo para la ulcera de la pierna. La cura local debe ir acompañada de la corrección de la causa productora, es decir de la patología de base.


Diagnóstico diferencial de úlceras vasculares




Tipo
Venosa
Arterial
Aspecto
BORDES DELIMITADOS
EXCAVADOS
FONDO GRANULOMATOSO
SANGRANTES
BORDES PLANOS
FONDO ATRÓFICO
NO SUELEN SANGRAR

Localización
REGIÓN LATERAL INTERNA
1/3 INFERIOR DE LA PIERNA

SOBRE PROMINENCIAS ÓSEAS
CABEZAS METATARSIANOS
DEDOS
Etiología
INSUFICIENCIA VENOSA
PRIMARIA O SECUNDARIA

ARTERIOSCLEROSIS, BUERGER
HTA, TABAQUISMO, DIABETES

Pulsos distales
CONSERVADOS, NORMALES
AUSENTES O DÉBILES
Clínica
MODERADAMENTE
DOLOROSAS
SE ALIVIAN EN DECÚBITO

DOLOR IMPORTANTE QUE
AUMENTA CON EL DECÚBITO

Otros signos
EDEMA EN LA PIERNA
PIEL ENROJECIDA,
ECCEMATOSA
DERMATITIS OCRE
CALOR LOCAL
VARICOSIDADES PRURITO

PIEL DELGADA SECA ATRÓFICA
BRILLANTE
BLANQUECINA
DESCENSO DE LA
TEMPERATURA
UÑAS ENGROSADAS




Tratamiento de las úlceras arteriales

La aparición de una úlcera isquémica es ya de por si signo de mal pronóstico, indicativo de una patología arterial obstructiva en fase avanzada. Para su diagnóstico es fundamental realizar una completa historia del paciente, explorar los pulsos en el miembro afecto y practicar las pruebas complementarias necesarias. Generalmente la arteriografía de miembros inferiores es imprescindible, por lo que ante la sospecha de ulcera arterial en un paciente lo comunicaremos a su medico para una rápida remisión a especialista en centro hospitalario, a fin de valorar arteriográficamente las posibilidades de recanalización quirúrgica.
Tabaquismo y diabetes son los principales desencadenantes de estas patologías, por tanto el consejo antitabaco sistemático a población general y muy especialmente a pacientes diabéticos supone una medida fundamental de prevención de estas lesiones. El uso de zapatos adecuados y el correcto cuidado de los pies son también fundamentales en la prevención de estas lesiones y de sus recidivas. La exploración periódica de los pies por profesional sanitario entrenado es una medida fundamental de prevención secundaria.
Una vez instauradas, las ulceras arteriales suelen ser muy dolorosas y con gran tendencia a infectarse. El aumento del dolor en reposo, la aparición de necrosis, de celulitis y de fiebre son signos de mal pronóstico.

Medidas generales
Mejorar en lo posible el estado general del enfermo, controlando patologías concomitantes como la diabetes o la hipertensión.
Tratar activamente el dolor.
Se promoverá el reposo de la pierna afectada.
Evitar ropa ajustada.
Evitar en lo posible el declive del miembro para evitar el edema.
Elevar unos quince grados el cabecero de la cama. Evitar ropa de cama ajustada.
Abandono del hábito tabáquico.

Tratamiento local:
El objetivo será mantener la ulcera libre de infección hasta que el paciente reciba el necesario tratamiento quirúrgico, preservando la comodidad del paciente y de su entorno familiar.
Administrar analgésicos prescritos previos a la cura.
Explicar al paciente el procedimiento a realizar.
Lavado de manos.
Retirar con suavidad los vendajes previos.
Lavar con agua y jabón.
Limpiar la ulcera con suero fisiológico suavemente, eliminando todo resto de exudado.
En caso de necrosis seca, previamente a la revascularización o cuando se haya descartado tratamiento quirúrgico alguno, el objetivo será impedir la aparición de necrosis húmeda, mediante la aplicación generosa de povidona yodada, preferiblemente en forma de gel para evitar la rigidez del apósito que aumenta el dolor. Se evitará desbridar, ya que las posibilidades de necrosis húmeda y por lo tanto de sepsis aumentarían.

En presencia de signos de infección local o celulitis se realizará cultivo y antibiograma, para instaurar antibioterapia.
No usar apósitos oclusivos.
Hidratar la piel perilesional.
No usar vendajes compresivos.
Las ulceras isquémicas suelen tener una buena respuesta al tratamiento tópico tras la revascularización . Cuando el pronóstico no es bueno, la amputación suele ser necesaria.


Tratamiento de las úlceras venosas.

Las ulceras por hipertensión venosa constituyen el mayor porcentaje (entre el 75% y el 90%) de entre el total de las vasculares. Por su alta incidencia (entre el 2% y el 3% de la población, aumentando por encima de los 65 años hasta el 5,6% de la población) sus cuidados constituyen, según algunos estudios el 50% del tiempo total de enfermería en atención primaria.
La cronicidad y la recidiva son sus características clínicas más relevantes, la mitad permanecen abiertas por encima de los nueve meses, un 20% lo están hasta los dos años, y un 10% hasta los cinco, recidivando un tercio de las inicialmente cicatrizadas dentro de los doce meses siguientes a su curación.
Es fundamental la realización de una exhaustiva historia del enfermo, que investigue sobre todo los antecedentes personales , laborales y los factores de riesgo asociados.
Siempre debe realizarse un estudio completo mediante Eco-Doppler para valorar la posibilidad de realizar un tratamiento quirúrgico (flebectomía, ligadura de perforante o escleroterapia), el cual va a corregir la hipertensión venosa.
Si bien su tratamiento es en general ambulatorio, existen unos criterios de empeoramiento que hacen necesario la consulta o ingreso hospitalario:
o Ulceras muy extensas, por encima de los 10 o 12 cm., con gran perdida de sustancia.
o Presencia de edema importante.
o Signos de infección regional, linfangitis o celulitis.
o Dolor excesivo.

Medidas generales:
Tratar factores de riesgo, especialmente tabaquismo y obesidad.
Tratar el dolor si existe.
Realizar ejercicios de flexión de tobillos para activar el bombeo muscular.
No usar ropa ajustada, que dificulte el retorno venoso.
Dieta adecuada, pobre en sal, rica en fibra para evitar estreñimiento.
Insistir en las medidas posturales, hacer reposo varias horas al día con los miembros elevados, dar paseos diarios, o evitar estar demasiado tiempo de pie sin moverse.
Es fundamental el uso de la contención elástica, incluso en pacientes con ulceras activas, para favorecer el retorno venoso.

Tratamiento local:
Explicar al paciente el procedimiento a realizar.
Lavado de manos del profesional.
Retirar con suavidad los vendajes, humedeciéndolos previamente si son de gasa.
Aprovechar el cambio de vendaje para realizar lavado de la pierna con jabón suave.
Limpiar la ulcera con suero fisiológico eliminando todo resto de exudado y usando la mínima fuerza mecánica para la limpieza y para su secado posterior. Evitar productos limpiadores o agentes antisépticos, como por ejemplo: povidona yodada, yodóforos, soluciones de hipoclorito sódico, peroxido de hidrogeno y ácido acético, que han demostrado citotoxicidad in vitro
Promover la eliminación de tejidos necróticos con desbridamiento quirúrgico o autolítico (hidrogel). No existe evidencia sobre la utilidad de preparados enzimáticos como la colagenasa.
Si hay signos de infección, tomar cultivo mediante aspirado con aguja o por biopsia del tejido ulcerado y suministrar antibiótico sistémico, cambiando el apósito con regularidad, hasta la desaparición de los signos clínicos de infección. Tópicamente consideraremos el inicio de un tratamiento antibiótico local de dos semanas de duración en ulceras limpias que no curan o continúan produciendo exudado después de dos a cuatro semanas de curas regulares; el antibiótico tópico de elección será la sulfadiazina argéntica.
No existe evidencia que avale la superioridad de ningún tipo especifico de apósito en cuanto a la cicatrización de la ulcera venosa, el aspecto más importante del tratamiento es la aplicación de vendaje compresivo. En ausencia de dicha evidencia, el apósito elegido debe ser de bajo coste, no adherente al lecho ulceral y aceptable para el paciente.
En caso de exudado abundante, es importante controlar dicho exudado, para ello usaremos apósitos absorbentes, como los de alginato cálcico, vigilando posibles signos de maceración local. No se usarán apósitos con adhesivo si la piel perilesional está afectada.
Una vez que el lecho ulceral presente tejido sano, usar un apósito hidrocoloide y cambiarlo solo cuando sea necesario.
Procurar la higiene y protección usando emulsiones cutáneas hidratantes en la piel perilesional y zonas atróficas.
No abusar de productos sensibilizantes como corticoides tópicos, aunque en caso de eccemas amplios puede ser necesario usarlos algún tiempo. El prurito local debe ser tratado de forma sistémica para evitar el rascado.
Vigilar la posible aparición en cualquier momento del tratamiento de sensibilizaciones frente a elementos muy diversos usados en dicho tratamiento, muy frecuentes en estos pacientes.
Tratar, en caso de aparecer, el eccema irritativo producido por la propia secreción de la úlcera o por productos aplicados externamente mediante tratamiento de corta duración con esteroides locales. En el caso de que la causa sea la propia secreción de la ulcera es útil la aplicación sobre la lesión de compresas impregnadas en solución de permanganato potásico al 1/10.000 (astringente y antiséptico, la dilución debe adquirir color rosa pálido para evitar teñir piel y tegumentos.) , dejándolas actuar durante 10-20 minutos, y lavando posteriormente con suero fisiológico.
Tratar y evitar el edema mediante elevación del miembro afectado y terapia compresiva.

Terapia compresiva

La terapia compresiva es el tratamiento más efectivo para el control de la insuficiencia venosa y de la ulcera venosa, así como para evitar las  recidivas . La evidencia disponible muestra que la compresión es más eficaz en la cicatrización de la ulcera venosa que la no compresión. La compresión alta es más eficaz que la compresión baja, y los sistemas multicapa que incluyen vendas elásticas e inelásticas parecen más eficaces que los sistemas monocapa.
La terapia de compresión alta se recomienda actualmente para todos los pacientes con un Indice de Presión Tobillo/Brazo (ABPI) mayor que 0,8 si bien puede usarse también en pacientes con enfermedad arterial benigna (ABPI 0,5-0,8) reduciendo los niveles de compresión y vigilando la aparición de dolor. Los pacientes con enfermedad arterial severa (ABPI< 0,5) no deberían recibir terapia de compresión.

martes, 18 de diciembre de 2012

Úlceras por presión

 Recomendaciones para el paciente y su cuidador.http://www.ayudas-ortopedia.com/TIENDAVIRTUAL/es/33-material-antiescaras

     ¿Qué es? Una úlcera por presión es una lesión causada por una presión mantenida en una zona del cuerpo que produce daños tanto en la piel como debajo de la misma. Este tipo de úlceras, también llamadas escaras o llagas, son difíciles de curar y pueden comprometer seriamente su salud. Largos periodos de presión provocan el empeoramiento de las úlceras y enlentecerán su curación. ¿Dónde se localizan? Las Úlceras por Presión se forman habitualmente en las partes del cuerpo donde los huesos son más prominentes, como las caderas, sacro o rabadilla, tobillos y talones; así como en zonas que soportan el peso del cuerpo cuando está usted sentado o tumbado durante largo tiempo. Las úlceras por presión en estas zonas, además de por presión, también se pueden producir por fricción (arrastre del cuerpo al subirlo hacia la cabecera de la cama) o deslizamiento (cuando está sentado y se resbala poco a poco).
 ¿Causas? Presión: El propio peso del cuerpo, al descansar sobre una superficie dura provoca una disminución del riego sanguíneo en la zona de apoyo, provocando el daño a la piel. Fricción y/o deslizamiento: Cuando el cuerpo se desliza sobre una superficie, la piel se arruga formando pliegues, lo que impide una buena circulación sanguínea en la zona de apoyo. Esto ocurre cuando el paciente se desliza sobre la silla o en la cama cuando permanece sentado. Factores importantes: Fuerza de deslizamiento Ropa de cama Superficie de la cama Fricción.
   ¿Qué empeora las úlceras por presión? • Una dieta pobre en nutrientes y poca ingesta de líquidos afectará al estado general de la piel del paciente, que será mucho más frágil y propensa a las lesiones. • Una piel húmeda a causa del sudor, orina, heces o el exudado de la herida irritará la piel y aumentará el riesgo de dañar la zona. • Si el paciente sufre de dolor o dificultad para moverse por sí solo, verá aumentado el riesgo de desarrollar o empeorar sus lesiones. • Algunas enfermedades, por ejemplo la diabetes, el daño cerebral o, a veces, los fármacos pueden reducir la sensibilidad del paciente al dolor. El paciente no será capaz de cambiar su postura, pues no se da cuenta de la presión excesiva en sus zonas de apoyo. • Las enfermedades del sistema circulatorio aumentarán el riesgo de sufrir o empeorar las úlceras por presión.
 ¿Cómo se previenen? Usted puede prevenir la aparición de nuevas úlceras o ayudar a su curación:
 1. Higiene y cuidado de la piel 
• Realice un aseo diario y compruebe: El estado de su piel en busca de zonas enrojecidas que no recuperan su coloración normal después de estar un rato sin recibir presión (apoyo), o la existencia de ampollas rozaduras o heridas sobre todo en zonas con huesos salientes (sacro ó rabadilla, caderas, tobillos, talones, codos, etc.). • Lave la piel con agua tibia y jabón suave, prestando especial atención a los pliegues cutáneos. Evite los lavados con agua caliente y los productos con alcohol. • Aclare y seque minuciosamente sin frotar enérgicamente. • Mantenga la piel limpia, seca y bien hidratada. • Cuidando la piel y vigilando su estado. • Aliviando la presión en las zonas de riesgo y zona ulcerada. • Manteniendo un buen estado nutricional. Extreme estas medidas higiénicas cuando el paciente presente incontinencia urinaria y/o fecal. Se debe evitar el contacto prolongado de la piel con la orina y/o heces, limpiando adecuadamente la zona tras cada episodio. Como ayuda y prevención, se pueden aplicar crema barreras o productos protectores en las zonas de mayor riesgo.
 2. Alivio de la presión
 • Movilizaciones frecuentes A pacientes con suficiente grado de movilidad, les animaremos a realizar movilizaciones frecuentes y cambios de puntos de apoyo (cada 15 a 30 minutos). Evite las movilizaciones dolorosas mediante un buen tratamiento analgésico. A pacientes con escasa o nula movilidad, es recomendable que el cuidado movilice las articulaciones del paciente y le cambie de postura frecuentemente. Se debe procurar que estas movilizaciones no sean dolorosas. Establezca un programa donde conste por escrito los cambios de posición que hay que realizar, sobre todo si hay más de un cuidador y el paciente no puede expresarse o no recuerda bien. En lo posible, no eleve el cabecero de la cama más de 30º, con el fin de evitar el deslizamiento.
 • Evite deslizamientos innecesarios del paciente sobre el colchón. Si esto ocurriera, evite subir al paciente arrastrando su cuerpo, para evitar el roce (fricción) de su piel con la ropa de cama. • Elimine las arrugas de las sábanas Mantenga estiradas las sábanas y asegúrese de que no existe ningún objeto entre el paciente y la superficie sobre la que se apoya (botones, costuras de la ropa, alimentos, etc.). Mantenga la cama limpia y seca. • Postura correcta Vigile la correcta alineación y posición corporal; una postura correcta ayuda a movilizar más fácilmente al paciente y evita la aparición de nuevas lesiones. Ayúdese, si le es posible, de almohadas, Cojines o incluso de colchones especiales(antiescaras) para aliviar la presión en los puntos de máximo apoyo y riesgo. No utilice flotadores tipo “rosco”. Evite el apoyo directo de las zonas corporales con salientes óseos, entre sí. Evite la presión directa sobre la zona de la úlcera. • Cuidados especiales. Tenga mucho cuidado si el paciente usa mascarillas o tiene sondas, escayolas o sujeciones rígidas, que pueden lesionar de igual modo la piel. 3. Alimentación-Nutrición : 
Para ayudar a curar la úlcera por presión y prevenir nuevas ulceraciones, la alimentación debe ser de calidad y variada. Rica en proteínas y calorías (carnes, pescados, lácteos), minerales (verduras) y vitamina A y C (frutas), respetando siempre las preferencias del paciente. Debe procurar beber al menos 1,5 a 2 litros de líquidos diarios. Con ayuda de su enfermera/o puede usted ajustar el tipo de alimentación que más se ajuste a su estado de salud y situación personal. Una buena alimentación es fundamental.
  Ojo, riesgo de infección:  Si el paciente tuviese fiebre y/o presentara mal olor, enrojecimiento, líquido purulento, calor o dolor en la zona de la herida, póngase en contacto con su enfermera, médico o personal sanitario de referencia de su centro sanitario.
 4. Cuidados locales de la zona ulcerada : Vigile frecuentemente la zona ulcerada en cada cambio de posición. Asegúrese de que el apósito no se ha arrugado ni despegado y que no existen fugas. Si esto ocurre, cubra la herida con una compresa, gasa o paño limpio y póngase en contacto con su enfermera/o.

¡Evite siempre la presión directa sobre la zona ulcerada!, mediante productos antiescaras. Ustedes... ...la familia y/o cuidadores, son el eslabón imprescindible entre el paciente y el profesional sanitario, para conseguir restaurar la salud del paciente siempre que sea posible. Consulte... ... cualquier duda o sugerencia con respecto a la salud del paciente con su enfermera/o y demás profesionales sanitarios de referencia.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Accesibilidad urbana La accesibilidad urbana engloba todos los elementos que podemos encontrarnos al salir de casa. Todo el mobiliario urbano o público. Por accesibilidad urbana se entiende rampas, pasos de cebra rebajados, así como señales que puedan percibir personas con diversos tipos de discapacidades (semáforos sonoros para personas ciegas, carteles significativos para personas sordas, o señales claras para que puedan ser fácilmente comprendidas por personas con discapacidad intelectual). Las plazas de parking reservadas para personas con discapacidad y movilidad reducida son otro aspecto de la accesibilidad urbana, ya que facilita el movimiento de los usuarios por la ciudad o localidad. También informamos sobre la tarjeta europea de estacionamiento y en qué consiste. Tarjeta europea de estacionamiento Las personas con discapacidad o con movilidad reducida se hallan a veces con algunas dificultades para realizar un gran número de actividades cotidianas y, en especial, para acceder a los espacios y servicios comunitarios y desenvolverse con una mínima comodidad en su medio habitual de vida, de ahí la necesidad de articular mecanismos que permitan superar tales limitaciones. Se ha adoptado una tarjeta de estacionamiento estándar europea para las personas con discapacidad. Actualmente esta tarjeta está vigente en varias Comunidades Autónomas y se espera que en breve plazo esté operativa para toda España. La tarjeta se puede solicitar en los Organismos locales o provinciales, según corresponda. Quienes estén en posesión de la nueva tarjeta azul, tienen derecho en otros estados miembros de la UE, y en algunos otros países europeos, a las mismas facilidades de estacionamiento que se conceden a las personas con discapacidad residentes en tales países.